Sunday, 17 May 2015

Peregrinaje al Santuario de la Virgen de Antipolo

Traducción en inglés

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Hoy sábado, 16 de mayo de 2015, peregrinaron los feligreses de la misa tradicional al santuario de la Ntra. Sra. de la Paz y Buen Viaje en la ciudad de Antipolo.


Antigua imagen, llevada desde México en 1626 por Don Juan Niño de Tabora, destinado al gobierno y capitanía general de las Islas Filipinas, aclamada como la que amparó al viaje y lo mantuvo sin averías, a cual causa recibió su título de la Paz y Buen Viaje. Don Juan entregó la imagen a los padres jesuitas de la iglesia de San Ignacio en Intramuros.


Fallecido Don Juan, pasó la imagen a los padres jesuitas misionando en lo que sería Antipolo, donde cuando se alzaba la iglesia, muchas veces abandonaba la Virgen a su altar solo para volver a aparecer en lo alto de un árbol de pan (Artocarpus incisa), llamado en la localidad como tipolo, que luego dio su nombre al lugar. La iglesia se trasladó al sitio del mencionado árbol, y su tronco se convirtió en la primera peana donde se posaba la Virgen muchos años después.


Como patrona del Galeón de Manila, seis veces más cruzó el Pacífico en un recorrido desde Manila a Acapulco entre 1648 y 1748. Su regreso triunfal a Antipolo después de su último viaje se celebró con gran festejo y regocijo durante dos días, consiguiendo la subida de la Capilla Real de Manila (contando muchos tiples con sus chantres, sochantres, maestro y capellán de capilla) a su sagrado recinto a cantar las misas y oficios en su honor.


Descendió de nuevo la Virgen a Manila en 1904 con motivo de las bodas de plata de la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción. Otra vez regresó a Manila en 1926 con motivo de su coronación episcopal en las manos del Monseñor Miguel O’Doherty, entonces arzobispo de Manila. En 1944, durante la Guerra se refugió en Quiapò, después de haberse escondido bajo el piso del convento antipolense y en los cerros entre Antipolo y Añgono. Y más recién, con su presencia, honró las celebraciones del Año Mariano de 1954.


Debido a estos viajes, tanto en las pasadas épocas como en nuestros tiempos, hoy se conoce como la imagen más viajera de la Nuestra Señora en Filipinas. La antigua iglesia de Antipolo fue primera vez quemada en la rebelión sangley de 1639, y después derrumbada en los terremotos de 1645, 1824 y 1863, y posteriormente derribada en el bombardeo aliado durante la Guerra. Hoy se conserva la Virgen en la actual iglesia de Antipolo, sede de la diócesis de Antipolo, y ella preside desde su amplísimo camarín colocado en el cuerpo superior del retablo mayor, echando su tierno y maternal vistazo a todos devotos y fieles que le rodean.


La misa comenzó las 3.00 hrs. de la tarde con las debidas ceremonias.








Durante la epístola y el evangelio.



El oficiante pronunció un breve sermón, amonestando a los muchos peregrinos que asistieron a la misa, hasta que casi llenaron la catedral, de que todos nosotros somos peregrinos en el mundo, que vivimos en la tierra a la vez que somos ciudadanos del cielo, y que nuestra verdadera patria es la en que gozaremos por siempre en la visión beatífica de la Santísima Trinidad.





Prosiguió la liturgia como se suele hacer en ella.




Durante la consagración de las Sagradas Formas.





Comunicado el oficiante, se dio comunión a los fieles.







Dada la dimisión, leyó el oficiante el último evangelio de San Juan.



Después de la bendición final y antes del retiro, se incensó la imagen de la Virgen de Antipolo mientras el coro cantó el himno pacibuenviajeño Estrella de Antipolo y la plegaria a la misma Reina y Madre de Filipinas.


María, bella estrella de Antipolo,
encanto del Señor,
te aclama nuestra voz,
en Filipinas Reina,
mande en ella,
y en cada corazón.

¡Cantos de triunfo y loor!,
o filipinos, no ceséis de entonar
a la que trajo a Dios,
que es nuestra Reina,
a ella sin fin rendid
fidelidad.




En fin, la bendición en la sacristía.



Mientras nuestro fervor sea puro y santo, nos protegerá la Virgen milagrosa de Antipolo.

Ut in omnibus laudetur Dominus.

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